jueves, diciembre 06, 2007

Entre cuevas y acantilados

Hoy he salido de viaje hacia Cantabria con Edith y dos amigos suyos: Eva y David. David quería ir a visitar las Cuevas del Soplao, muy famosas por aquí. El inconveniente es que están un poco lejos, concretamente en Cantabria, pero ya casi pegando a Asturias, debajo de San Vicente de la Barquera.

Con la paliza que no esperaba decidimos madrugar, a las 8 de la mañana ya estábamos en ruta. A mi el tener que madrugar me supo a rayos, la noche anterior no me dormí hasta cerca de las 3 de la madrugada, a los
"chavalines" del chamizo de debajo de mi casa les tocaba juerga por todo lo alto.

Fuimos con el coche de David, así que le tocó comerse la paliza del viaje. Más de 4 horas nos costó llegar, eso sí, contando paradas para almorzar como Dios manda y algún que otro equívoco de carretera.

Por fin a eso de la 1 menos cuarto llegábamos a las taquillas del Soplao. Tuvimos que esperar más de una hora antes de entrar porque nos dieron tickets de entrada para las 2.

En esta zona hubo hasta el año 1979 una fuerte actividad minera. Se extraía zinc y plomo. Ahora las cuevas también se explotan, pero a través de la actividad turística.

Un tren nos llevó hasta las profundidades de la cueva y allí nos esperaba una guía que nos fue enseñando las diferentes salas y galerías. La calidad de la cueva es magnífica, sin duda, la más impresionante que he visto hasta ahora, pero no me gustó la forma que tienen de organizar las visitas. La guía nos llevó a toda velocidad de lado a lado sin casi tiempo de ver ni admirar nada. Otra cosa que me
jodió fue que no permiten sacar fotografías. Me parece muy bien que prohíban el uso de flash, pero joder, que dejen por lo menos sacarlas sin flash... Eso sí, luego nos venden en su carísima tienda las fotografías y nosotros ale, encima de pagar los 9,50€ que cuesta la entrada, si queremos un recuerdo del lugar pues a pagar las correspondientes fotografías.
Durante la visita hubo un momento en el que me revelé contra el sistema, me puse al final del grupo y me hice el despistado para echar unas cuantas fotos, pero se ve que soy torpe porque a las primeras de cambio la guía me pilló y me avisó de que no se permitía echar fotos...
En fin, volvimos a salir hacia el exterior por el mismo tren con el que habíamos entrado, nos comimos un bocata en las propias instalaciones de la cueva y tomamos camino de regreso hacia Logroño.

Entrada a la cueva

Todavía nos dio tiempo al volver en desviarnos ligeramente del camino para acercarnos a Suances, un pueblo que nos recomendó David.

Como era un poco tarde y al día siguiente era día de curro, no nos dió tiempo más que a visitar la zona de acantilados. Esta parte me encantó. El agua golpeaba aquí con furia sobre las gigantescas rocas y los abruptos cortados.



Desfiladeros (I)
Desfiladeros (II)

Ya a última hora, mientras David y Eva se tomaban un café en un bar, Edith y yo bajamos a contemplar el anochecer desde la arena de una pequeña playita cercana. La mezcla del fuerte oleaje, la tenue luz del ocaso, las pisadas sobre la húmeda arena; todo esto creó un momento muy bonito.


Playa de Los Locos

domingo, diciembre 02, 2007

Subida al Serantes

El Serantes es un monte situado en la desembocadura de la ría de Bilbao. A sus pies están Santurtzi y el gran puerto de Bilbao. Su figura tentadora siempre resulta majestuosa al viajar por la A8 en dirección Santander.
Siempre he pensado que desde su cima tienen que estar las mejores vistas del gran Bilbao y así pues hoy nos hemos acercado Edith y yo hasta Santurtzi para acometer su subida. Nos hemos informado previamente del itinerario a seguir en la oficina de turismo de la villa pesquera

La primera parte de la ascensión ha consistido en llegar desde el centro de Santurtzi al barrio de Mamariga. Desde aquí parte la pista que sube directa al Serantes.


Hotel-Palacio de Orisol
Parque de Santurtzi


El camino de subida no es duro ya que no presenta fuertes desniveles pero sí que se hace un poco largo. Aunque el monte está cerca se sube dando muchos rodeos para evitar el desnivel. En la subida las vistas hacia el Abra y el puerto industrial de Bilbao son magníficas. Me encantan.


El gran puerto de Bilbao

En la subida se me hizo curioso ver las chabolas que algunos lugareños se han construído, utilizando sobretodo materiales de desecho como neumáticos, maderos, cartones..., como puertas y vallas muchos usan somieres de viejas camas. Muy curioso.Esta gente parece que vive anclada en el pasado.
De todas formas, el contraste de estas casitas, (colgadas en las laderas del Serantes, y en las que en muchas hay pequeñas huertas cultivables e incluso vacas y ovejas) y la fuerte industrialización del puerto y la central térmica, es muy impactante.



Chabola (I)
Chabola (II)


En el Serantes se construyeron estructuras defensivas entre los siglos XVIII y XIX. Este es un lugar estratégico y en aquellos años se temían invasiones extranjeras. Algunas de estas construcciones todavía se mantienen en pie. Por ejemplo, el torreón situado en la cumbre del Serantes. En la cima también hay un vértice geodésico, el correspondiente buzón montañero y una mesa de orientación con todas las localidades y cimas próximas.

Al bajar de la cima paramos en un área recreativa situada justo al lado del fuerte. Allí nos comimos unos bocatas que habíamos pillado en el pueblo. Después nos adentramos en el fuerte abandonado para investigarlo.


Cima del Serantes vista desde dentro del Fuerte

Para volver hasta el coche decidimos bajar por otra ruta diferente, siguiéndola acabamos en el barrio de Kabiezes.
Nos dejamos sin ver el polvorín y la batería del "El Mazo" y la batería de "El Llano". Pero la verdad es que pasamos cerca y no parecían gran cosa.

Antes de regresar hacia Logroño decidimos parar en Bilbao y subir en funicular hasta Artxanda para ver el anochecer sobre Bilbao. Dejamos el coche en un parking que pensábamos que era libre y del que luego nos dimos cuenta de que pertenecía a un hotel en el que no estábamos alojados... El funicular de Artxanda se coge en una plaza que se encuentra cerca de las calles que hay detrás del ayuntamiento.
Mientras subíamos por el funicular yo pensaba que no nos daría tiempo a fotografiar el anochecer, se estaba poniendo el cielo demasiado oscuro. Pero llegamos arriba antes de lo que pensaba, salí rápido del funicular, busqué el mejor mirador sobre Bilbao, apoyé la cámara sobre una barandilla para que no me temblara ante la falta de luz, y finalmente disparé.



El ocaso en Bilbao (I)
El ocaso en Bilbao (II)