sábado, 17 de septiembre de 2016

Islandia: la tierra del hielo y el fuego

Ya puedo confirmar que Islandia es el país más increíble de todos los que he visitado hasta ahora; los paisajes allí son totalmente impresionantes, parece otro planeta, la naturaleza juega con todos los colores posibles pero sobre todo con el verde de los pastos, el blanco de los glaciares y el negro del basalto volcánico.Islandia es un país muy caro pero teniendo en cuenta unas cuantas cosas se puede hacer menos doloroso. Por ejemplo nosotros alquilamos una furgoneta pequeña en la que dormíamos a la vez que nos desplazábamos; comíamos mucho tirando del Bonus y el Netto, los supermercados más económicos, y además elegimos Septiembre como mes para viajar, un mes en el que el frío todavía es soportable pero ya se considera temporada baja por lo que también ahorras dinero. También ahorramos gracias a que no cogimos ninguna de las excursiones que se ofrecen, todo lo hicimos por nuestra cuenta.

El tiempo que nos ha hecho considerando que estábamos fuera de la temporada de verano (Septiembre ya se considera un mes de otoño) no ha sido del todo malo, aunque hemos chupado frío y viento la lluvia nos ha tocado en los días que menos nos molestaba, sobretodo en día en los que nos teníamos que desplazar más kilómetros.

El recorrido que hicimos es el típico que suele hacer todo el mundo: recorrer la Ring Road que da la vuelta completa a la isla aunque con algunas variaciones. El primer día nos saltamos Reikiavik y comenzamos a dar la vuelta en sentido contrario a las agujas del reloj empezando por el sur de la isla (para mi la parte más bonita). Nos dio tiempo a pasar dos días en los fiordos del oeste, algo que la mayor parte de turistas no hacen pero por contra nos quedamos con la espinita de no ir a Landamalaugar, el que dicen que es uno de los lugares más bonitos de la isla. Tampoco fuimos a Asjka, una zona volcánica muy famosa; a estos dos lugares solo se puede llegar mediante vehículos 4x4 ya que hay que vadear varios ríos.

Para comer fuera recomendamos los grill que suele haber junto a las gasolineras, suele haber fast food a buen precio y a veces con suerte preparan alguna de las contundentes sopas que comen por aquí, uno de los platos nacionales del país. Otra cosa que hay que probar antes de irse de aquí son los yogures Skyr, una especie de yogur griego riquísimo. Los platos que más abundan son lógicamente los pescados y también el cordero (miles de ovejas pueblan esta isla), eso sí, no esperéis encontrar nada de esto a buen precio. Una manera de probar pescado no demasiado cara son los fish and chips.

En cuanto a la comunicación aunque su idioma es el Islandés no encontramos a nadie que no hablara Inglés.

Una curiosidad del viaje: no cambiamos ni un solo euro por coronas, absolutamente todo lo pagamos con tarjeta de crédito.

Viernes, día 2
Llegamos al aeropuerto de Klefavik de madrugada y nos fuimos derechos a recoger nuestra furgoneta alquilada cosa que se nos complicó porque por culpa del límite de las tarjetas de crédito no podíamos hacer este pago tan elevado; al final lo resolvimos gracias a que pagamos fraccionando el pago en varias tarjetas diferentes.

Nos dieron una Dacia Dokker parecida a la mía; una cosa importante era enterarse bien de como iba la calefacción estática la cual se alimentaba del gasoil y no de la batería principal por lo que podíamos tenerla puesta toda la noche. Así lo hicimos todas las noches hasta el séptimo día en que se dejó de funcionar...

El chico que nos atendió nos comentó un lugar para pernoctar junto al aeropuerto y así lo hicimos, cerca de las 4 de la madrugada nos metíamos a dormir.

Sábado, día 3
Bastante cansado de todo el jaleo del día anterior pero muy ilusionados comenzamos nuestro viaje: como el día había salido bueno decidimos saltarnos Reikiavik y comenzar de lleno a adentrarnos en la naturaleza Islandesa. Hoy haríamos lo que llaman el circulo dorado, un recorrido para ver 3 de los lugares más famosos situados al NE de Reikiavik.

Primera parada: el Parque Nacional de Thingvellir. Este lugar es famoso por dos razones: aquí se estableció en época Vikinga lo que se considera el primer Parlamento moderno; además por aquí pasa la falla que separa las placas tectónicas Americana y Euroasiática.

Hicimos un recorrido de unos 5Km por los alrededores para ver el lugar que hacía de Parlamento en el S.X, la residencia de verano del Primer Ministro junto a la cual hay una bonita iglesia y un cementerio, partes de la falla y acabamos en la cascada de Oxararfoss, no estaba mal pero era diminuta comparada con las que veríamos en días posteriores.

Entrando en Thingvellir

Paramos a comer en uno de los numerosos apartaderos con mesas que hay por toda la isla y allí mismo comprobamos lo mullidito que es el musgo islandés, lo bautizamos con el nombre de musgolástico por su capacidad para tomar la forma del cuerpo, ¡una gozada!.

Nos saltamos Geysir y fuimos antes a Gulfoss, una de las cascadas imprescindibles de Islandia, este lugar nos encantó. Junto a Detifoss es una de las cascadas con más volumen de agua. Nos acercamos a sus dos miradores (uno arriba y otro más abajo) y seguimos ruta.

 Cascada Gulfoss

Geysir es el lugar que da nombre a los geisers que hay en todo el mundo, es un lugar donde hay mucho calor bajo la tierra y por algunos agujeros sale el agua a presión cada ciertos intervalos. El chorro Geysir que es el más alto desgraciadamente lleva ya años inactivos, dicen que debido a productos químicos que se le echaron para activarlo más a menudo y también debido a suciedad y piedras tiradas por turistas. Al menos se puede ver funcionando el Strokkur, otro geiser más pequeño (unos 15 metros, el otro subía hasta los 80) que escupe agua cada 5 minutos aproximadamente.

 Geiser Strokkur en acción

Al final de la tarde se puso a llover y aunque llegamos al cráter Kerio decidimos dejar la visita para el día siguiente, así madrugando además nos ahorraríamos la entrada y lo veríamos sin turistas. Pernoctamos en el propio parking del cráter.

Domingo, día 4
Entramos al cráter Kerio y le dimos la vuelta tanto por arriba como por abajo. Es un cráter pequeñito pero con colores rojos y verdes muy bonitos. Creo que es un lugar que antes no era conocido pero al que cada vez vienen más turistas.

Cráter Kerio

Luego nos acercamos a la localidad de Hveragerdi para hacer una ruta de senderismo hasta unos "hot springs". Son una especie de pozas al aire libre donde el agua sale calentita, una gozada de sitio. Merece la pena llegar hasta aquí ya que además de las aguas termales la ruta de aproximación es muy bonita. Aconsejo además pasar las pozas y subir hasta un collado cercano desde donde hay unas vistas incríbles del valle.

Disfrutando de los hot springs (I)

Disfrutando de los hot springs (II) 

 Vistas desde el collado

Desde esta zona podíamos coger el autobús que llega a Landmalaugar ya que nosotros con nuestro coche no podíamos acceder, se necesita un 4x4, pero no nos cuadraba bien de horarios así que pasamos los pueblos de Selfoss y Hella y ya nos metimos de lleno en la zona sur de la isla, la primera parada la hicimos para ver las cascadas de Seljalandfoss y Glufrafoss, muy cerquita entre sí. La primera de ellas es famosa porque puedes andar por detrás de donde cae el agua. La otra está metida en un barranco por el que parece que no se puede entrar.

 Cascada Seljalandfoss

 Cascada Glufrafoss

Tras la vista a las cascadas paramos a ver desde fuera el Centro de Interpretación del Volcan Eyjafjallajokull, el mismo que paralizó el tráfico arereo en el año 2010, a nosotros nos chafó el viaje a Noruega, todavía me acuerdo. Al otro lado de la carretera está el volcán el cual se distingue perfectamente, un poco más adelante hay otro mirador hacia el volcán.

 C.I. del volcán Eyjafjallajokull

Llegamos hasta la cascada de Skogafoss pero el día ya no daba para más, como vimos mucha gente acampada decidimos dormir aquí. Esto fue un error porque cuando ya estabamos posicionados vino una mujer a decirnos que aquello era un camping privado y que había que pagar más de 1000 coronas por persona; por no irnos accedimos a pagar. Este fue el único lugar de la isla donde tuvimos este problema, en el resto de lugares pernoctábamos a nuestro aire, eso sí, conviene alejarse un poco de los parking de los lugares más turísticos.

Lunes, día 5
Aprovechamos para asearnos en el camping y estuvimos echando unas fotos a Skogafoss desde diferentes puntos, por un sendero empinado se puede subir hasta su parte más alta.

 Skogafoss

Luego haríamos nuestra primera incursión en un glaciar, concretamente en el Myrdalsjokull, uno de los más pequeños pero que está cerquita de la Ring Road. Aquí se suelen hacer excursiones con crampones para turistas, nosotros nos ahorramos los más de 100€ que cuesta y nos metimos a pelo, eso sí, no pudimos avanzar mucho porque en las zonas donde no había ceniza resbalaba bastante. Nos sorprendió el color negruzco que tiene en algunas partes debido mayormente a la arena y rocas que arrastra y a las cenizas.

 Glaciar Myrdalsjokull

Tras el glaciar nos fuimos a ver una avión abandonado que se estrelló aquí ya hace unos años, antes se podía ir con el coche hasta el mismo lugar, ahora han cerrado el paso y hay que andar 7 Km ida y vuelta por una monótona pista para llegar hasta el lugar.

Tras esta extraña excursión comprobamos que el día se estaba chafando, la zona hacia Vik que es hacia donde nos dirigíamos estaba de color muy negro. El tiempo nos respetó para ver la zona del faro de Dyrholaey al cual se accede por una pista en muy mal estado. Desde allí hay unas vistas magníficas de las playas negras y del arco de Dyrholaey. Luego bajamos a la zona de la playa de Kirkufjara.

Playa de arena negra

 Arco de Dyrholaey

Paramos en Vik a comer en un grill de carretera y allí ya se terminó de chafar el día, cuando salimos hacia un viento del demonio, como vimos que no amainaba salimos a ver la playa de Reynisfjara, esta es una playa de arena negra famosa por sus columnas de basalto junto a la montaña y por varias "rocas troll" que hay dentro del mar.

La lluvia y el viento no paraban así que seguimos el viaje hacia Skatafell, para ello atravesamos la zona de Eldhraum, un campo inmenso de lava y musgo procedente de la erupción de los volcanes Laki en el S.XVIII el cual dicen que mató a muchísima gente debido a la nube de ceniza que preparó la cual nubló el sol en todo el planeta durante muchos días provocando que muchas cosechas se arruinaran.

En este trayecto hicimos varias paradas rápidas, una de ellas en Laufskalavarda, un curioso lugar donde hay cientos de hitos de piedras puestos en el mismo punto donde debía haber una granja destrozada por el Laki. Otra breve parada la hicimos en Kirkjugolf, el lugar al que llaman el suelo de la iglesia, son unas columnas de basalto que sobresalen del suelo y que no me pareció que tuviera demasiado interés.

Cuando el día mejoró algo retrocedimos para ver el cañón Fjadrargljufur, tiene unos 100 metros de altura y unos 2Km de largo y merece la pena visitarlo, pienso que es un lugar muy fotogénico.

Laufskalavarda

Kirkjugolf

 Fjadrargljufur

Martes, día 6
Dormimos muy cerquita de Skaftafell, nuestro objetivo del día. El glaciar Vatnajokull ocupa un 10% el terreno de Islandia y es con diferencia el más grande de Europa, Skaftafellsjokull es una de sus lenguas más famosas. Para conocer la zona a fondo hicimos uno de los trekking señalizados en el Centro de Interpretación, concretamente el S3. Nos salió un recorrido de casi 18Km y 800 metros de desnivel. Gracias a él vimos la cascada Svartifoss también llamada cascada negra por estar metida en una zona de columnas de basalto, esta cascada está cerquita del parking, muchas gente solo llega hasta aquí. Nosotros seguimos el S3 el cual sube pegado hacia el lado de Mordasarlur, un valle de arenas movedizas, llegamos hasta la base del pico Kristínartindar al cual decidimos no subir, lo bordeamos y llegamos la mirador Glama desde donde hay unas vista acojonante del glaciar Skaftafellsjokull, luego se regresa iendo todos el rato pegados a este glaciar.

Cascada Svartifoss

 Lengua glaciar Skaftafellsjokull

Después de la paliza todavía nos quedaron ganas de ir a otra lengua glaciar del poderoso Vatnajokull: Svinafellsjokull. Nos acercamos lo más que pudimos y luego se nos ocurrió bordearlo por la orilla más al oeste para ir en busca de unas cuevas de hielo que yo llevaba marcadas en el GPS, era como buscar una aguja en un pajar pero gracias a ello nos internamos bastante en el hielo del glaciar por el que se andaba bastante bien sin crampones, nos encontramos con bastantes excursiones organizadas de turistas pero nosotros a nuestro rollo, nadie nos dijo nada. Este glaciar nos encantó, es en el que más cerca estuvimos del hielo y en el que más disfrutamos, mejor que el Myrdalsjokull.


Lengua glaciar Svinafellsjokull

La última parada del día la hicimos en la laguna glaciar Fjallsarlon, más pequeña que su vecina Jokulsarlon pero en la que tuvimos la suerte de verla para nosotros solos y con una atmósfera muy particular. Estas lagunas se crearon a partir de sendas lenguas glaciares del Vatnajokull y tienen la particularidad de que sobre ellas flotan abundantes cascotes de hielo a modo de icebergs.

 Laguna glaciar Fjallsarlon

Miércoles, día 7
Dormimos junto a la laguna Jokulsarlon y a primera hora nos pudimos a visitarla pero ya habían llegado un montón de turistas, este es uno de los puntos más visitados de toda la isla. Eso sí, tuvimos la suerte de ver unas cuantas focas chapoteando por las aguas de la laguna, algo que creo que no es muy común. Al irnos paramos junto al mar donde había un montón de cascotes de hielo que habían llegado desde el desague de la laguna, una curiosa estampa.

  Laguna glaciar Jokulsarlon

Hoy tocaba cambiar de zona, nos íbamos hasta los fiordos del este, la carretera se me hizo larga en cuanto a kilómetros pero increíble en cuanto a vistas.

Los fiordos del este decepcionan a mucha gente pero a mi me gustaron bastante, eso sí, es cierto que son menos espectaculares que los de Noruega.

La primera parada la hicimos en Djupivogur, el primer pueblo que vistábamos desde que estábamos en la isla. Es un pueblo pequeñito pero con unos cuantos edificios de madera que eran antiguos almacenes en el S XIX. Allí también vimos una colección de esculturas de huevos de las aves que pueblan la zona, esto nos pareció bastante prescindible, sobretodo a Edith.

 Djupivogur

Para acortar la N1 que bordea todos los fiordos cogimos un atajo por la carretera 939, la cual es bastante mala pero pasa por un puerto de montaña muy bonito. Nosotros paramos a ver la cascada Folaldafoss la cual encontramos de forma imprevista desde la carretera.

 Cascada Folaldafoss

Tras pasar el puerto llegamos al lago Logurinn, en una de sus orillas crece el bosque Hallormsstadhur, el cual dicen que es el único bosque de Islandia, sí que es cierto que en esta isla se ven poquísimos árboles. Nosotros bordeamos el lago para cruzar al otro lado y ver otro par de cascadas: Hengifoss y Litlanesfoss. Edith se quedó en el coche descansando y yo me dispuse a hacer el camino solo. Me salieron 4,7Km y 258 metros de desnivel. Se trata de un camino en constante subida que va pegado a un barranco por donde fluye el río que forma las cascadas, Litlanesfoss está a medio camino y Hengifoss al fondo, de esta dicen que es la tercera cascada más alta de islandia.

Cascada Hengifoss

Luego paramos en el camping de Egilstadir donde nos duchamos por la jeta ya que no había nadie en recepción. Ya limpitos cogimos otra empinada carretera que nos llevaría hasta Seydisfjordur, uno de los pueblos más bonitos de los fiordos del este. Hasta este pueblo llega el ferry que viene de las islas Feroe; es un pueblo con bastante encanto, nosotros lo vimos al anochecer.

 Seydisfjordur

Dormimos en las afueras del pueblo y tuvimos la suerte de ver auroras boreales aunque nada comparable a lo que veríamos unas cuantas noches después...

Jueves, día 8
El Jueves amanecimos con un día malísimo pero tuvimos la suerte de que lo peor lo hicimos de viaje ya que hoy nos tocaba irnos de los fiordos del este para ir hasta el Parque Nacional de Jökulsárgljúfur. A este parque se accede por dos carreteras que van paralelas por ambos lados del río, la 864 más al este y la 862 más al oeste. Nosotros elegimos la segunda ya que te permite ver la zona de Vesturdalur, la ventaja de la 864 es que está en mejor estado y que las cascadas se ven de mejor ángulo.

Aparcamos en el parking de las cascadas el cual estaba atiborrado de coches a pesar del mal día que había salido. Primero vimos la tremenda Detifoss, la cascada que más caudal lleva de toda Europa, es la misma que sale en el inicio de la película de Prometheus. El día estaba bastante malo y no la pudimos ver bien pero impresiona comprobar la cantidad de agua que lleva. Luego nos acercamos a ver la cercana Gulfoss menos espectacular pero bonita, esta se ve mucho mejor desde la otra orilla. Hay unas tercera cascada cerca pero a esta ya no fuimos.

Cascada Detifoss

 Cascada Selfoss

Para ir hasta Vesturdalur la 862 se convierte en una pista de tierra tremendamente bacheada, este tramo en para tomárselo con mucha calma. Cuando llegamos a Vesturdalur llovía bastante así que hicimos tiempo en la furgoneta hasta que empezó a parar. Aquí hicimos una ruta de senderismo de unos 5Km que merce mucho la pena. Se ven estructuras de basalto muy curiosas donde destaca sobretodo una con forma de cueva, en el punto más alejado del recorrido se sube hasta una zona de volcanes conocida como Raudholar con unas laderas de color rojizo increíbles, parece un sitio sacado de otro planeta.

Formaciones de basalto en Vesturdalur

 Laderas del Raudholar

La última parada en Jökulsárgljúfur la hicimos en el cañón de Asbyrgi, al norte del parque, se trata de un cañón con forma de herradura que parece un oasis ya que está lleno de vegetación. Aquí nos conformamos con hacer una sencilla ruta de poco más de 1 km por el fondo del cañón. Luego vimos gente que había subido a las paredes del cañón.

Cañón de Asbyrgi

Viernes, día 9
Dormimos junto al mar en las afueras de Husavik, el pueblo que se ha hecho famoso porque desde aquí salen la mayor parte de tours de avistamiento de ballenas. Nosotros no lo hicimos y nos conformamos con dar una vuelta por este pueblo pesquero.

 Iglesia de Husavik

Después nos dirigimos a la zona del lago Myvatn donde en sus orillas hay bastantes lugares para visitar.

Comenzamos por el lado sur del lago para ver los pseudocrateres de Skutustadiggar, un caminito agradable recorre sus colinas herbosas.

 Pseudocrateres de Skutustadiggar

Luego nos acercamos a la península de Hofdi, un lugar donde hay un pequeño bosque desde el que se pueden ver unas columnas de basalto dentro del agua del lago.

Hofdi

Dimmuborgir fue la siguiente parada, allí hicimos un recorrido de unos 3Km para ver unas cuantas formaciones curiosas de basalto, es parecido a la zona de Vesturladur pero nos impresionó menos.

Dimmuborgir

Al cráter Hverjfell subimos pero no le dimos la vuelta. Es un enorme cono volcánico pero con menos encanto que otros.

 Cráter Hverjfell

La cueva Grotagja fue la sigueitne parada, es un pequeña oquedad donde el agua fluye a una temperatura de 45ºC. En este lugar se rodó la escena de amor entre John Nieve e Igrit de la serie de Juego de Tronos.

 Grotagja

Después nos acercamos a la zona geotérmica de Hverir donde hay abundantes fumarolas y agujeros donde el agua fluye a 100ºC. Es un lugar muy curioso debido al color que toma la tierra. Otra cosa que destaca nada más llegar es el fortísimo holor a huevos podridos debido al azufre que se emana desde la tierra.

 Hverir

Después nos alejamos un poco más para llegar a la zona de Kafla. Allí hicimos una breve parada para fotografiar la central geotérmica de Kroflustod.

Planta geotérmica de Kroflustod

Luego Edith se quedó en el coche descansado y yo me puse a recorrer la zona de Leirhnjukur, esto es un área llena de lava fosificada de varios volcanes que erupcionaron a finales de los 70 y principios de los 80. Hice un recorrido de unos 4,5 kilómetros para ver todo con detalle. Me impresionó el color negro extendiéndose en grandes llanuras a partir de varios conos volcánicos.

 Leirhnjukur

Para acabar la zona de Kafla dimos la vuelta al cráter Viti, muy fotogénico.

 Cráter Viti

Para acabar el intenso día fuimos a lo baños termales de Myvatn, la entrada nos costó 30€ pero merece la pena. Los baños están compuestos por un par de lagos donde el agua sale a unos 35ºC. Estos baños son parecidos a la Blue Lagoon que hay cerca de Reikiavik pero con menos gente y más salvajes que estos.

Tras cenar en una taberna junto al lago buscamos sitio para pernoctar de camino a la cascada de Godafoss.

Sábado, día 10
Tal como daban las previsiones amanecimos bajo un cielo malísimo. Climatológicamente este fue el peor día del viaje, no paró de llover y hacer frío en todo el día.

Visitamos la cascada Godafoss por ambos lados, eso sí calándonos de agua hasta arriba. Esta cascada a pesar de ser más pequeña que otras es muy estética.

Cascada Godafoss

Seguimos viaje hasta Akuriery, la capital del norte y con unos 20.000 habitantes la segunda ciudad del país. Es un agradable y tranquilo pueblo situado junto a un fiordo. La zona turísitica está concetrada en una zona muy pequeña por lo que se visita muy rápidamente. En esta parte está la Akureryrarkirja, la iglesia de la ciudad construída por el mismo arquitecto que diseñó la de Reykiavik. En la zona del puerto está el HOF, el edificio de congresos, el cual hace funciones de oficina de turismo y es uno de los edificios más destacados. Más alejado está el jardín botánico al que también nos acercamos para ver la colección de flora ártica.

 Akureryrarkirja

 Centro HOF

Tras aprovisionarnos de víveres en un Netto seguimos el viaje hacia la península de Vatness aunque de camino teníamos prevista alguna parada. A pesar de que evitamos los fiordos del norte este tramo de carretera se me hizo muy largo y pesado, a pesar de que los paisajes eran espectaculareas seguía lloviendo abundantemente. A medio camino paramos a echar unas fotos a una montañas muy estéticas.

Descartamos acercarnos a Holar ya que teníamos que desviarnos pero sí que paramos en Glaumbaer. Aquí hay unas cuantas pequeñas casitas construídas con turba junto a una iglesia. Se puede sacar un ticket para visitarlas por dentro pero nosotros no lo hicimos.

 Casitas de turba en Glaumbaer

Tras volver a mojarnos bastante seguimos viaje hasta Blondous. Aquí solo paramos a fotografiar su moderna iglesia la cual parece una nave espacial.

 Iglesia de Blondous

Después nos salimos de la N1 para adentrarnos en la península de Vatness, tomamos la bacheada pista que lleva a Borgavirki, una zona debasalto que dicen que se usó en época vikinga como fortaleza, aquí ya llovía tanto que ni nos atrevimos a bajar del coche.

En Vatness llegamos hasta la zona conocida como Hvitsekur y entonces llegó el peor momento del viaje.  Habíamos planeado dormir aquí pero el frío era helador y viento era tan fuerte que movía hasta la furgoneta, para colmo de males pusimos la calefacción y ¡oh sopresa!, ¡no funcionaba!, se había debido de estropear, a partir de este día ya dormimos todas las noches sin calefacción...con un frío de mil demonios deshicimos el camino y nos colocamos junto a la pared de un hotel donde al menos pegaba algo de menos de viento, esta noche yo pegue poco ojo.

Domingo, día 11
La previsiones de tiempo seguían siendo malas para la península de Vatness así que improvisamos y cambiamos el rumbo, decidimos visitar los fiordos del oeste, algo que en un principio estaba fuera de nuestros planes iniciales. No me importó no visitar Vatness, la mayor parte de turistas vienen hasta aquí solo para ver focas ya que es uno de los mejorres sitios para verlas. Nosotros ya las vimos en Jokusarlon y más adelante también las volveríamos a ver.

Si la mayor parte de Islandia está muy despoblada los fiordos del oeste todavía lo están más, aquí nos cruzamos con poquísimos coches, fue un auténtica delicia conducir por estas panorámicas carreteras. Fuimos tranquilamente haciendo fotos de los que nos gustaba hasta llegar a Flokalundur, un lugar en el que paran muchos turistas pero en el que yo sepa lo único que hay es un restaurante y una gasolinera.

Tras llenar la tripa nos dirgimos hacia los acantilados de Latrabjag, antes de llegar nos llevamos una sopresa al encontrarnos con un barco abandonado en la orilla de un fiordo.

Más adelante paramos en un museo donde vimos de forma libre un avión americano también abandonado.

Finalmente llegamos tras una larga carretera hasta Latrabjang, unos enormes acantilados de color negro del basalto. Este es el punto más occidental de Europa. Es un lugar que nos encantó, muy salvaje, me recordó mucho a los acantilados de Moher de Irlanda. En estos acantilados hay muchísimas aves, hay incluso puffins, una de las aves más famosas de la isla, pero en Septiembre ya no están, se van a finales de Agosto.

 Acantilados de Latrabjag

Después nos dirigimos hasta la playa Raudisandur conocida como la playa roja por el color de la arena. Dormimos allí con inteción de visitar la playa a la mañana siguiente.


Lunes, día 12
Amanecimos junto a la playa de Raudisandur y nos dirigimos a verla aunque no sabíamos muy bien por donde, no estaba muy claro desde donde la veríamos mejor, total que cogimos un difuso sendero que estaba señalizado y que debía de llevar hasta allí. El color de la arena no nos impactó demasiado así que no fuimos un poco decepcionados.

 Playa Raudisandur

De allí seguimos explorando más fiordos del oeste, subimos hacia el norte y acabamos llegando hasta la cascada de Dynjandi, uno de los grandes exponentes turísiticos de esta zona y la que para muchos es la cascada más bella de Islandia, a mi lo que me pareció es enorme, sobretodo lo vas notando según te vas acercando andando.

 Cascada Dynjandi

Ya no seguimos subiendo puesto que nos tocaba tomar el ferry Baldur que nos llevaría hasta Stykkisholmur ya en la península de Snaefellsnes. Sí nos dio tiempo a volver a comer en Flokalundur, lavar el coche que estaba lleno de mierda y ducharnos en unas piscinas cercanas.

En algo más de dos horas el ferry nos llevó a Stykkisholmur. El tiempo volvía a estar muy malo así que pernoctamos en el propio puerto del pueblo protegidos por un muro del fuerte viento del norte.

Martes, día 13
Hoy salió un día muy despejado, perfecto para visitar la península de Snaefellsnes, uno de los lugares que yo más ganas tenía de ver. En el centro de la península está el volcán Snaefellsjokull, el mismo en el que Julio Verne situó la entrada al Centro de la Tierra en su famoso libro. Lo primero que hicimos fue dar una vuelta por Stykkisholmur, el pueblo más grande de la península.

 Stykkisholmur

Al poco de salir de Stykkisholmur nos desviamos para subir al monte Helgafell, un monte muy modesto pero que se considera sagrado y en el cual se supone que puedes pedir hasta tres deseos. Junto al monte hay una granja y una pequeña iglesia.

 Iglesia en Helgafell

La idea a partir de aquí era tomar la carretera  54 que es la que bordea toda la península junto al mar pero inicialmente nos deviamos ligeramente para pasar por dentro de los campos de lava de Bersekjahraun, es lugar estaba muy bonito, la roca de color negro y el musgo de color verde aquí lucían increíbles.

Bersekjahraun

Pasando el pueblo de Grundafjordur está una de las postales típicas de Islandia: el monte Kirkjufell visto desde la cascada Kirkjufellsfoss. Edith se quedó en el coche esperándome mientras yo me afanaba con el trípode y la cámara en conseguir la foto que tantas veces había visto por Internet. La cantidad de gente que había no me lo puso fácil pero al final más o menos lo conseguí.

 Kirkjufell y Kirkjufellsfoss

Llegamos hasta el punto más occidental de la península a la altura de Hellisandur donde paramos a comer en un grill junto a la gasolinera. Allí aprovechamos para visitar un arco de roca junto al mar y también una zona donde había un par de casitas de turba y desde donde el glaciar Snaefellsjokull se ve en todo su esplendor.

 Hellisandur

Un poco más adelante se llega al pequeño cráter Saxholl al que mucha gente suele subir pero nosotros buscamos un mirador más ambicioso: subimos al monte Hreggnasi desde donde disfrutamos de unas vistas acojonantes del glaciar y de toda la parte occidental de la península. Nos salió una ruta de 6 Km y 400 metros de desnivel.

 Vistas desde la cima del Hreggnasi

La siguiente parada la hicimos para visitar las playas de Djupalossandur y Dritvik. Mediante una bonita ruta de senderismo de apenas 3Km se pueden unir ambas playas. La primera de ellas me gustó más, entre otras cosas en ella se pueden ver restos del naufragio del barco Epine en 1948.

 Playa de Djupalossandur

En la zona de Londrangan paramos brevemente para ver unos pináculos de basalto junto al mar.


Finalmente llegamos a Arnarstapi donde decidimos acabar el día. Eso sí, antes de acampar nos acercamos a ver la cercana cueva de Songhellir, llegamos al sitio el cual estaba señalizado pero lo que vimos nos pareció una birria de cuevas, no estoy seguro de que encontraramos realmente lo que buscábamos.

 Cuevas de Songhellir

Esta noche estuvimos atentos a las posibles auroras boreales ya que había noche despejada y tras no esperar demasiado ¡ahí estaban!, ¡y además en todo su esplendor!, mucho mejor que unos días antes en los fiordos del este.

Miércoles, día 14
Después del día tan bueno anterior volvían a dar malas previsiones de tiempo pero al menos por la mañana nos respetó y nos dejó ver casi sin lluvia lo que nos quedaba de la península de Snaefellsnes.

A primera hora hicimos una ruta de 7 Km por la línea de costa que hay entre Arnastapi y Hellnar, muy recomendable, especialmente la parte que hay hacia Arnastapi, si vamos mal de tiempo podemos obviar el resto.

Acantilados entre Arnastapi y Hellnar

Cerca de Arnastapi está el cañón de Raudfeldsgjar, es una grieta vertical muy estrecha y abierta en las paredes de roca por donde fluye un río. Se puede acceder a él caminando entre el río pero en el momento que estuvimos nosotros había demasiada gente, era un agobio, así que no nos metimos demasiado.

Cañón de Raudfeldsgjar

Por despiste se nos pasó parar en la iglesia de Budakirja, dicen que está muy bien. Donde sí que paramos fue en la granja de Ytri-Tunga. Este es otro lugar típico para ver focas, nosotros las vimos nada más llegar. Estuvimos un buen rato viendo sus graciosos movimientos. Como no tengo teleobjetivo tuve que fotografiar con el gran angular por lo que no tengo fotos en las que se las vea de cerca.

Focas en la granja de Ytri-Tunga

De aquí ya abandonamos la península de Snaefellsnes y nso dirigimos hacia el sur hasta llegar a Bogarness, el pueblo en el que se enlaza otra vez con la Ring Road para regresar a Reikiavik. Como íbamos bien de tiempos antes de regresar aprovechamos para ver un par de puntos hacia el este.

Primero fuimos a ver las cascadas de Hraunfossar y Barnafoss, están ya cerquita del glaciar Langjokull, el segundo más grande del país. En este es el glaciar a donde te llevan para adentrarte en una cueva artificial de hielo, barajamos la posibilidad de hacer esta excursión organizada pero el precio nos echó para atrás, costaba casi 150€ por cabeza.

Las cascadas de Hraunfossar están bien porque son diferentes al resto, son un montón de pequeñas cascadas que nacen muy cerca del río, parece que salen de la lava. Un poco más adelante está Barnafoss que simplemente es una zona de rápidos en el propio cauce del río.

Cascadas de Hraunfossar

Luego paramos en Deildartunguhver, un lugar donde hay un manantial de aguas a 100ºC con unas instalaciones para llevar la energía producida a los pueblos de alrededor. Apenas le vimos interés alguno.

 Deildartunguhver

Desde aquí la lluvia empeoró y ya regresamos directos a Reikiavik pasando por el tunel de peaje que evita rodear el fiordo que hay antes de la capital.

Esta noche nos costó encontrar un sitio para pernoctar, tras dar varias vueltas unas señalesde camping nos llevaron al parking de un edificio de oficinas situado en las afueras de Reikiavik. Era un sitio raro para dormir pero al menos estábamos cubiertos del fuerte viento.

Jueves, día 15
Tuvimos un despertar movidito ya que el edifico de oficinas ya estaba funcionando cuando nos levantamos así que salimos por patas conduciendo todavía con el pijama... más adelante nos aseamos y preparamos para ver Reikiavik, hoy tocaba ver la capital de Islandia. Aunque volvían a dar malas previsiones de tiempo no tuvimos mal día.

Evitamos la zona azul y aparcamos en el entorno del lago Tjornin, el parque más centrico de la ciudad. Lo primero que hicimos fue subir a ver la iglesia Hallgrimskirkja uno de los símbolos de la ciudad. Se trata de una iglesia muy moderna que parece un cohete espacial y construída emulando las columnas de basalto. Fuera de la iglesia está la famosa estatua de Leif Erikkson, hijo de Erik el Rojo.
La entrada es gratuita aunque la verdad es que la iglesia dentro no tiene apenas nada reseñable excepto el enorme un órgano. Se puede subir a la torre pagando pero nosotros lo declinamos.

 Hallgrimskirkja y estatua de Leif Erikkson

Después nos pusimos a callejear por los alrededores de la calle Laugavegur, la principal arteria de la ciudad plagada de graffitis, tienditas, restaurantes y cafés. Cerca del parque Tjornin están los edificios gubernamentales, tanto el Parlamento como el Ayuntamiento de la ciudad. Dentro de este último hay una maqueta gigante en 3D de la isla.

Parlamento

 Uno de los numerosos graffitis en la calle Laugavegur

Tras estas visitas nos acercamos a la línea de mar y fuimos de oeste a este viendo el puerto, el edificio Harpa y la nave del sol, una famosa estatua con forma de barco vikingo. Nos gustó mucho el edificio Harpa, muy moderno, merece la pena entrar.

 Harpa

Comimos en la zona de la calle Laugavegur pero como nos quedamos con hambre nos acercamos al famoso puesto callejero de perritos calientes Baejarins Beztu, no nos pareció nada del otro mundo pero el caso es que todos los turistas vienen aquí.

De aquí nos fuimos hacia el este para ver la iglesia católica y el viejo cementerio. Con esto acabamos nuestra visita a Reikiavik.

 Cementerio de Reikiavik

De camino al aeropuerto teníamos previsto ir al día siguiente a la Blue Lagoon pero el caso es que cuando fuimos a reservar por Internet vimos que ya no había plazas, parece que este sitio está muy solicitado, hasta dentro de 4 días no quedaba ni una plaza, no me lo quiero ni imaginar en verano.

A pesar de todo nos acercamos hasta Grundavik a dormir, el pueblo que está a 3 Km de la Blue Lagoon en plena península de Reykjanes, la misma qen la que está el aeropuerto de Klefavik.

Viernes, día 16
Nos quedamos sin Blue Lagoon lo que nos dio bastante rabia pero no sin ducharnos, nos metimos en las piscinas municipales de Grandavik y resultaron una auténtica gozada. Estaban al aire libre pero como sucede en todas las piscinas del país el agua está muy calentita gracias a la energía geotérmica, estas tenían hasta zona de jacuzzi y sauna.

Bien relajados después de la ducha nos acercamos a ver la Blue Lagoon por fuera aunque la verdad es que menos meternos en el agua vimos todo lo demás, puedes entrar hasta dentro sin necesidad de entrada. Nos pareció que tenían muy buen pinta, claramente más lujosas que las del lago de Myvatn. El color del agua se debe a una concentración de sílice, algas y minerales En los alrededores de la laguna hay un par de senderos que van desde el parking hasta el edificio principal que están muy bien para conocer el lugar. En los alrededores de la zona termal hay una planta geotérmica que es la que aprovecha toda esta agua para producir energía para la zona.

 Blue Lagoon

Nos gustaría haber visitado algo de la península de Reykjanes pero ya no teníamos tiempo, solo para comer en un grill de carretera y devolver la furgoneta, a las 15h salía nuestro vuelo para Barcelona.