sábado, septiembre 15, 2012

Rias Baixas

Cuando hicimos nuestro primer viaje a Galicia, hace ya cuatro años, acordamos hacer dividir la visita en dos partes, en aquella ocasión visitamos la costa de Lugo y de la Coruña. Ahora nos tocaba el interior de Orense y la costa de Pontevedra.

Domingo, día 9
Antes de entrar en Galicia invertimos el primer día en visitar el paraje conocido como "Las Médulas", unas antiguas minas de oro situadas cerca de Ponferrada y explotadas por los romanos hace 2000 años. En 1997 fueron declaradas Patromonio de la Humanidad por la Unesco.

Aunque se puede subir andando lo primero que hicimos al llegar fue subir con el coche hasta el Mirador de Orellán, el mejor lugar para tener una vista panorámica del paraje de las Médulas.

 Las médulas desde el mirador de Orellán

Tras recrearnos con las vistas pagamos los 2€ que cuesta entrar a ver la gruta de Orellán. Cogimos el casco y para adentro, son unos 200 metros de galerías que acaban en un bonito mirador.


Gruta de Orellán

Más tarde bajamos con el coche hasta el pueblo de las Médulas. Allí visitamos los dos centros de interpretación. El primero que te encuentras es de pago, el segundo no; yo aconsejo pasar del primero y entrar al segundo, es más que suficiente para empaparse de la historia del lugar.

Tras ello, lo correspondiente es hacer un poco de senderismo por el lugar, la mayoría de la gente recorre la Senda de las Valiñas, un sencillo recorrido de 4 Km que pasa por las cuevas de la Cuevona y La Encantada, los dos puntos más importantes de la zona.


La Cuevona

La Encantada

Terminada la visita a las médulas nos internamos en Galicia por la provincia de Orense. Llegamos a hacer noche en A Pobra de Trives. Allí dimos una pequeña vuelta y a dormir.

Torre del Reloj en Pobra de Trives

Lunes, día 10
El lunes lo dedicamos a ver la zona de La Ribeira Sacra, la zona turísitica más famosa de la provincia de Orense.

La primera parada la hicimos en Castro Caldelas, allí visitamos un castillo muy chulo. La siguiente parada fue en Ribas de Sil, allí nos acercamos al mirador de los balcones de Madrid. Desde este famoso mirador hay una vista muy buena de los llamados Cañones del Sil, una gran grieta oradada por el río Sil a lo largo de los años.
Cerquita de Ribas de Sil visitamos también el Monasterio de Santa Cristina de Sil, un lugar que nos gustó mucho tanto a Edith como a mi. Antes de llegar al Monasterio hay otro mirador situado en un camping desde el que también hay muy buenas vistas de los Cañones del Sil.


Cañón del Sil

Monasterio de Sta Cristina de Sil

La siguiente parada la hicimos en otro de los monasterios imprescindibles de la zona: el Monasterio de Santo Estevo. Este está cerca del pueblo de Paradas del Sil. Poner el GPS del coche en esta zona no viene mal, la verdad es que hay un buen lío de carreteras y desvíos. Actualmente parte del monasterio está ocupada por un Parador Nacional, aún así se pueden visitar líbremente dos claustros y la iglesia. Es un monasterio que no tiene nada que ver con el resto que hay en la Ribeia Sacra, es mucho más grande y ostentoso.

Uno de los tres claustros de Santo Estevo

El último monasterio que visitamos en la Ribeira Sacra fue el de San Pedro de Rocas. Es famoso por ser el más antiguo de Galicia. Inicialmente hubo un cenobio del S.VI y luego se fue ampliando poco a poco. Al lado del Monasterio está el Centro de Visitantes de la Ribeira Sacra con un montón de información para el turista.


Edith encaramada en el campanario del Monasterio de San Pedro de Rocas

A la tarde-noche llegamos a Orense capital. Lo que hicimos fue irnos directos a las Termas públicas. Es una zona de aguas termales a la orilla del río Miño donde el agua sale a una temperatura de hasta 64ºC. Hay hasta tres zonas para elegir, nosotros optamos por las más cercanas, las de Chabasqueira. Al ser gratuitas la zona está bastante llena de gente pero merece la pena darse un chapuzón en este curioso sitio. Para que os hagáis una idea es parecido a las pozas de Arnedillo pero en el parque de una ciudad.

Martes, día 11
El martes por la mañana estuvimos dando una vuelta rápida por el casco histórico de Orense, donde realmente no hay demasiado que ver. La Fuente das Burgas (de aguas termales también), la Plaza Mayor y la Catedral son algunos de los sitios por donde pasamos.


Fuente Das Burgas

La Plaza Mayor, detrás el Ayuntamiento

Nuestro siguiente destino fue Tui, ciudad histórica situado al lado del río Miño. En Tui vimos la Catedral y dimos otra vuelta rápida por la zona histórica.

 En el paseo Fluvial a orillas del Miño, en Tui

Después de comer, pasamos el puente Internacional que cruza el Miño para entrar en Portugal, allí paramos a ver Valenca do Minho. Este es un pintoresco pueblecito situado dentro de una enorme fortaleza y totalmente rodeado por una muralla. Al llegar aquí conviene aparcar en la parte de abajo de la muralla, ya que dentro no se puede acceder con el vehículo y cerca de la entrada hay numerosos "gorrillas".

Fortaleza de Valenca do Minho

Ya por la tarde recorrimos con el coche el Miño hasta su desembocadura, justo donde está situado A Guarda, uno de los pueblos más turísticos de Pontevedra. Lo primero que hicimos fue subir con el coche hasta lo alto del  Monte de Santa Tecla. Allí nos dio tiempo a engancharnos a una visita guiada en la que vimos el Centro de Interpretación, la ermita de Santa Tecla y el Castro situado en la ladera del monte. Para mi gusto la visita se me hizo demasiado larga, casi 3 horas de continua charla... Eso sí, el lugar es precioso. Se nos hizo de noche mientras contemplábamos desde lo alto del monte el estuario del Miño desembocando en el Atlántico.


Estuario del Miño

Restos del Castro


Monte de Santa Tecla

La puesta de sol en el Atlántico

Miércoles, día 12
Salimos del hotel a dar una vuelta por la zona marítima de A Guarda, la verdad es que lo más interesante del pueblo es el Monte de Santa Tecla, el pueblo en sí no nos maravilló que digamos. Eso sí, como íbamos bien de tiempo aprovechamos el resto de la mañana para ir a la Playa del Molino, una playa cercana a A Guarda, situada entre el río Miño y el Atlántico.


Homenaje al pescador en A Guarda

Antigua fortaleza en A Guarda

Tras el rato de playita nos dirigimos por la carretera de la costa hacia Baiona, otra de las paradas imprescindibles en esta zona. Antes de llegar paramos a comer comida que tráimos en el coche en el Cabo Silleiro, justo junto al faro que lleva su mismo nombre. No le vimos demasiado interés al lugar; la verdad es que en cuanto a cabos y faros, la zona de la costa de la Coruña gana por goleada a la de Pontevedra.

Baiona sí que nos gustó. La primera parada la hicimos en la entrada del pueblo para ver la Virgen de la Roca, una estatua de enormes dimensiones. Después dimos una vuelta completa al perímetro de la fortaleza, actualmente acondicionada como Parador Nacional. Este es un paseo muy recomendable, de apenas 2 Km y que transcurre continuamente junto al mar. Finalmente nos despedimos de Baiona dando una vuelta por el casco histórico de la villa.


En el mirador de la Virgen de la Roca

Paseo que rodea la fortaleza de Baiona

Siguiendo al carretera de la costa acabamos el día en Vigo, la ciudad más grande Galicia tal como comprobamos cuando entramos con el coche y nos perdimos en el laberinto de calles para llegar al hotel.
Como se no estaba haciendo tarde y en Vigo había bastantes cosas que queríamos ver, una vez en el hotel, dejamos las maletas rápidamente y nos dispusimos a recorrer la zona del puerto pesquero y los astilleros. Al regresar de la zona portuaria subimos al Monte del Castro, una zona verde en medio de la ciudad con unas vistas muy buenas; sin embargo no calculamos bien el tiempo y tras una buena paliza se nos hizo de noche mientras subíamos; además, el parque no estaba para nada iluminado y tuvimos que regresar hacia el hotel a tientas prácticamente sin ver nada.

Gruas de los astilleros de Vigo

Jueves, día 13
A las 10,30h salía del puerto marítimo de Vigo nuestro ferry para ir a las Islas Cíes. En 45 minutos de viaje nos plantamos en ellas. Estas islas junto a la isla de Ons y alguna otra forman el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia. Las Islas Cies son una total de tres islas, las que se visitan son la del norte y la central, unidas ambas por la Playa de Rodas, a la del sur no se puede acceder. La Playa de Rodas fue declarada en el año 2007 como la mejor playa del mundo según el prestigioso periódico The Guardian. La verdad es que esta playa es un auténtico paraíso, no tiene mucho que envidiar a las paradísiacas playas del Caribe; el agua es cristalina en tonos azules y verdosos, la arena, blanca inmaculada y finísima y el entorno es de película.
Además de estar tumbados a la bartola en la playa aprovechamos la mañana para hacer senderismo por las islas. Existen cuatro rutas señalizadas, todas ellas de muy escasa dificultad. Nosotros subimos al Monte del Faro, que es la ruta más famosa, y luego al regresar volvimos por la ruta del faro de A Porta.
Lo único que no me gustó de las islas fue la comida, solo hay tres restuarantes y todos ellos con unos precios totalmente excesivos para la comida que sirven, recomiendo a los posibles visitantes que se traigan unos bocadillos para comer.


Playa de Rodas (I)

El Monte do Faro


Vistas desde el Monte do Faro

Playa de Rodas (II)

Cuando regresamos a Vigo aprovechamos la tarde-noche para dar un paseo y cenar en el Casco Vello. Aunque tradicionalmente el Casco Antiguo de Vigo ha sido considerado uno de los más degradados y descuidados de España estos últimos años existen bastantes iniciativas que están tratando de revitalizarlo y mejorarlo. A mi personalmente me gustó bastante, me pareció muy original; numerosas casas en estado de ruina se mezclan con rincones con mucho encanto como la Plaza de la Constitución, La Ribera de Berbés, el Mercado de La Pedra o la Plaza del Peñasco.
Para cenar la zona del Mercado de La Pedra es perfecta, en esa zona hay numerosos restaurantes con un marisco excelente, especialmente famosa es la zona de venta de ostras, justo en la calle al lado del mercado. Nosotros aún así optamos por cenar de tapas, unas raciones de pulpo a feira y de chipirones.


Plaza del Peñasco

Palza de la Constitución

Viernes, día 14
Antes de abandonar Vigo aprovechamos para visitar la zona del ensanche. Recorrimos calles como Policarpo Sanz, plagada bellos edificios de estilo modernista y ecléctico; la calle Principe, famosa por ser la calle comercial por excelencia; la Porta Do Sol, donde podemos encontrar la extraña escultura del Sireno. Especialmente curioso encontramos también el Ayuntamiento de la ciudad, está situado en un edificio que jamás pensaría uno que se trata del ayuntamiento.


Cuando ya salíamos de la ciudad con destino a Pontevedra aprovechamos para desviarnos y entrar en el barrio de Teis, uno de los más populosos de la ciudad. Allí subimos con el coche al monte A Guia coronado por una gran ermita. Nuestra intención desde allí era tener una vista panorámica de la ciudad, pero los árboles que pueblan el monte nos lo impidieron.


Ermita en el Monte A Guia

Puente de Rande

La siguiente parada del viaje resultó ser Pontevedra, la cual a pesar de ser una ciudad con muchos menos habitantes que Vigo es la capital de la Provincia. En Pontevedra lo que visitamos fue el Centro Histórico, el cual está muy cuidado y es muy bonito. Conviene recorrerlo con calma, disfrutando de las bonitas y numerosas plazas y edificios que lo pueblan. Es un casco histórico que no tiene nada que ver con el de vigo, son dos estilos totalmente contrapuestos. Empezamos a andar desde la Plaza de la Peregrina, situada muy cerquita de nuestro hotel y el cual un sitio perfecto para empezar a recorrer el Casco Histórico.

Tras ver el centro de la ciudad, recorrimos la ribera del río Lérez desde el Puente de A Barca hasta la zona de las isla de las esculturas pasando también junto al Puente Romano. Este paseo no nos gustó demasiado, las margenes del río estaban muy sucias y no encontramos demasiado encanto en los lugares que vimos. Cuando regresamos del paseo aprovechamos para cenar de tapas en un restuarante situado en la Plaza de la Leña.


Plaza de la Leña

Puente Romano sobre el rio Lerez

Sábado, día 15
El último día del viaje subimos hacia la Ria de Arousa por la carretera de la costa hasta donde nos diera tiempo. El primer pueblo que paramos a ver fue Combarro, famoso por la línea de horreos situados al pie de mar. Además de recorrer los bonitos rincones del pueblo bajamos a la zona del mar para ver de cerca como trabajaban las marisqueiras.


Linea de horreos en Combarro

Marisqueiras trabajando

Pueblos como Sanxexo, Portonovo y O Grove los pasamos de largo por ser demasiado turísticos; donde sí que paramos fue en la zona de la Playa de A Lanzada, una de las de más calidad de la zona de Rias Baixas. Aparcarmos en un bonito enclave junto a la playa donde había una ermita y unas escaleras que nos permitieron bajar a la zona del mar, un sitio muy bonito.

Un rato de relax

A la zona de Villagarcía de Arousa ya no nos dió tiempo a llegar, el último pueblo que visitamos fue Cambados. Allí queríamos visitar sobre todo dos sitios que nos llamaron la atención cuando buscamos información por Internet: Sta Mariña de Cambados, un monasterio en ruinas junto al que está el cementerio del pueblo y las ruinas de la torre de San Saturnino de la cual apenas queda nada en pie pero que está situada en un lugar muy especial justo a pie de mar.


Ruinas y cementerio de Santa Mariña

Torre de San Saturnino

Para rematar el viaje comimos en un marisquería del puerto una mariscada increíble, la verdad es que el marisco que probamos allí no tiene nada que ver con el solemos comer por aquí en Logroño, es como comer dos comidas totalmente diferentes.

Tras la comilona regresamos a Logroño mediante un trayecto que se nos hizo interminable, llegamos a Logroño cerca de la medianoche muy pero que muy cansados.