domingo, febrero 04, 2007

Un desierto a la española

Hoy he estado en un lugar al que se le puede llamar desierto, o por lo menos así lo denominan: el desierto de Las Bardenas.
Yo que nunca había pisado arena desértica así que me ha sorprendido bastante el lugar, aunque hay que decir que no se trata de un desierto convencional tal como los conocemos. Simplemente se trata de un lugar en el que caen muy pocas precipitaciones anuales y en el que la erosión ha creado unas formas muy peculiares. La erosión aquí ha sido posible debido a que los materiales que abundan en Las Bardenas son arcilla y roca arenisca y caliza.
Las Bardenas Reales se encuentran situadas en la zona sureste de Navarra, haciendo frontera física con la provincia de Zaragoza. Se trata de un lugar que nos pilla muy cerquita. Tal como había leído en Internet, la entrada a Las Bardenas se encuentra en la localidad Navarra de Arguedas, así que nos acercamos hasta ahí dejando atrás ciudades como Calahorra y Tudela.
A llegar nos dirigimos directamente hacia el norte a ver la zona denominada Bardenas Blancas, la Bardenas Negras, que se encuentran al sur, ni las vimos. Nos habíamos informado previamente de que con ver las blancas ya es suficiente, que son más interesantes.
Para desplazarse por la zona hay una red inmensa de caminos de tierra, especialmente interesantes para la práctica de BTT. Por a la mayoría de ellos también se puede entrar con el coche. Nosotros elegimos el que va al punto más turístico de todo el lugar: El Castilldetierra, el monte que suele aparecer en la mayoría de las fotos de Las Bardenas. Dejamos el coche ahí y estuvimos admirándolo, el Cabezo de Castilldetierra es lo que por aquí llaman una chimenea de brujas. Es un montículo con una forma muy extraña debido al proceso de erosión. Tiene toda la parte baja erosionada debido a que ahí tiene arcilla, un material muy fácilmente erosionable por el viento y el agua. La parte superior sin embargo está protegida por roca arenisca y caliza. Hay muchas más chimeneas de brujas en el lugar, pero esta es la más típica. No pudimos acercarnos demasiado ya que todo el lugar está rodeado de unos carteles que avisan de no acercarse más allá; estos los han puesto para que no se deteriore más, se calcula que dentro de unos miles de años o seguramente antes, el Castilldetierra ya no exista, por lo menos, tal como lo conocemos ahora.


Desde el sur
Desde el norte

Tras las pertinentes fotos del Castilldetierra nos bajamos a ver el Barranco de Las Cortinillas que se encuentra próximo al Castilldetierra; nos dimos una pequeña vuelta por él y luego nos dirigimos a ver el Monumento al Labrador (muy próximo también al Castilldetierra).


Monumento al Labrador

Después, recogimos el coche y nos dirigimos por otro camino dirección norte con la intención de hacer una ruta montañera a otros dos oteros de Las Bardenas: el Piskerra y el Rallón. La pista que cogimos rodea un campo de tiro de la Otan, una franja amplia de terreno en la que está terminantemente prohibido entrar (aunque no hay vallas) y en la que los soldados de esa organización liderada por un tal George W. Bush velan por nuestra seguridad practicando la forma más efectiva de eliminar enemigos, así está el mundo señores.
Bueno, que me desvío del tema, el caso es que dejamos atrás el campo de la Otan y cogimos un camino dirección a Carcastillo, unos metros más adelante llegamos a un punto desde donde parecía factible acometer la subida al Piskerra y al Rallón, aparcamos el coche ahí y nos pusimos las mochilas.
El punto de partida de la ruta no era el mismo que el que venía en la ruta preparada, así que no pudimos enlazar con el camino previsto, nos costó encontrar un sitio por el que ascender hacia el Piskerra. Este es el panorama que teníamos delante:


Laberinto de montículos
Conseguimos salir del laberinto siguiendo unas brechas que había excavado el agua, pero seguíamos sin saber como subir a la meseta superior. Pensamos en subir por la pared directamente pero era peligroso, dimos unas vueltas a la zona pensando en como subir y de repente nos encontramos ante unas escaleras que subían directamente todo el paredón!



La pared por la que queríamos subir
Escaleras tortuosas

Sin más dilación subimos las escaleras, y esquivando un par de tramos peligrosos en los que faltaban escalones llegamos hasta una caseta desde donde había unas vistas excepcionales de toda la comarca. Allí mismo sacamos los bocatas de chorizo y nos los comimos más bien que el copón.
Después de comer nos dispusimos a hacer la ruta que llevábamos preparada, aunque no subimos al Piskerra, sólo al Rallón. Aquí podéis ver la ruta.


Panorámica desde el lugar donde comimos